viernes, 27 de febrero de 2015

CXXXVII

Sabemos sentir. 
Sentimos saber.

Y, pero...
¿qué saben las palabras?
Dicen de mí, de todo.
Dicen por ellas.
Indescifrables emociones,
indescriptible el desnudo de este cielo.
Indecible es la calma
que un alma clama -suplica-
por palpar,
penetrar.

Y las palabras hablan y dicen,
sin decir, la esencia de lo que es.
Misterio revisten, humo expulsan
y, entre vaho, nos ahogan, 
un colosal océano,
lo nadamos,
lo bebemos,
nos saciamos.

Y, pero...
Mi sentir no sabe de apariencias de suficiencia.
Es que nos sentimos en otro lenguaje
o en ninguno
y nos amamos.
¡Silencio! No seré vocera de la realidad de la cual no soy parte.
(Callo y siento, se cierran los cuatro polos,
no hay más viento, no hay palabras, tampoco eco.
Siento, te siento, oigo cómo retumba-mos-).


Stéphanie Pau Tombetta

miércoles, 11 de febrero de 2015

CXXXVI

Dicho esto 

Humo en la orilla de tus sueños

y aquel aroma que anuncia el fin del derrame.
Ecos mudos del imperio en colisión
y el espejo de ilusión que te adjudica al sol
te envolvió, tus promesas secó,
no queda silencio en el que guardar
tramas ni extravío.

El pasto del deseo devoraste
y el arrojo de la fauna a la extinción
condenó a la luna al abandono.
El cielo cae a tus manos y son los dioses
que apisonan el ardor del veneno que hace a tu piel.
Quebrantado, sin visión, culminado. 

No fue el último ni lo será. Yo tampoco lo seré, yo tampoco seré.

Ahora, óxido o verdín, materia, materia esencial.
Socavás y más hondo y más hondo
y más
y adónde querés llegar.
Andate, si ya te fuiste.
Y cuando llegás, te volvés a ir.
Jamás conociste la permanencia.
Fiebre, ciénaga, la elipsis de la que no volverá a ser dicho
no lo fue. 

(Como si fueras)
el último.



Stéphanie Pau Tombetta

martes, 3 de febrero de 2015

CXXXV


De mis manos, flores
o mariposas monocromáticas
que en el abismo de la perennidad
merodean, ya no se alimentan.
De mis ojos, vidrio abrasador,
espejos que ya no reflejan.
E impenetrables, expulsan
fuego, agua, sustento de nadie.
Eje fuera de sí,
lejos de la superficie,
minutos que en hiel devienen,
ensordecidos por la salvaje niebla,
los faunos se sumergen en el olvido del río,
—no hay luna que nos perfume ni cielo que nos vista—
feroces, con sangre, celebramos que nos salvamos,
de la vida,
¡nos salvamos!

De haber sabido en el primer golpe

que mis ojos volverían a mojarse
y ahogarse en la sonrisa de la muerte.



Stéphanie Pau Tombetta

L'impossibilité

Palabra y cosa.
Antes que cuerpo, palabra, anterior al decir —material concreto o no, eso no importa ahora—, proceso físico-psíquico (una lingüística general) de articulación. Antecedente al pensamiento, el sentir, un sentir desde lo más intangible, lo más puro («en bruto», lo más «libre», quiero decir, lo menos sujeto, lo menos opresivo u oprimido, lo más lejano a la materia: qué otra cosa sino, aunque un tanto incógnita, la esencia).
Entonces, si la palabra acarrea ya de su génesis más originaria, al menos algún vestigio de lo más relativo a lo que no yace en la coacción, ¿por qué no entregarle o, mejor dicho, «entregarnos a», la posibilidad de que sea —no caeré en la enorme y terca pretensión de «libertad», idea-concepto que merece muchos apartados para desarrollarla y, finalmente, desenmascararla, dejarla al desnudo: un absurdo sin ornamentos. Bueno, no sé qué tantos apartados merece cuando ya das con que deviene en una falsedad, pese a que, a veces, la praxis confunda— aliviadora o, bien, compañera, contenedora material-mental de lo que acaece en el inconmensurable fluyente de emociones, de sentires? Contenedora, no por eso en ella nos despojaríamos siquiera de algún pormenor interior.
Hablé de cosa, hablamos de cosa con frecuencia. Cosa. ¡Qué cosa hablar de «cosa» de las «cosas»! Debiese preocuparnos este impulso que nos arroja con gran virtuosismo a la cosificación, desde la más mínima hasta a la más extrema y, a mi juicio, atroz, que considero es la de aquel sentir del que hablaba, el intangible, representado mediante coerción, omisión, elipsis, en un objeto-cuerpo. La emoción, el sentir, cosificado en cuerpo, cuerpo sensible, cuerpo sintiente. 

Qué cosa la palabra, lo que dice de lo que es y que no sea más que eso y es tanto más que eso, claro. Yo no te entiendo. Me quedo en el pero sin continuidad.
Silencio.



Stéphanie Pau Tombetta