lunes, 20 de enero de 2014

CIII

Conato de vorágine 

Tardes tórridas, canjeadas por fricción en la sima más profunda 
del vasto firmamento interior, guarida de aire tupido, sin más.

Laceraciones de la osadía a la potestad del sol.
Y, ¡ah!, una insolente frescura para la pequeña desahuciada.

No quisiera que te confundas con liberación.
Otra veleidad, ni cerca de una presunción de rebelión.



Stéphanie Pau Tombetta

domingo, 12 de enero de 2014

CII


Tu voz suave,
anillo de humo.
Me disuelvo, 
me convierto:
éter puro.



Stéphanie Pau Tombetta

lunes, 6 de enero de 2014

CI

Venenoso sustento

De lo absoluto,
mi única verdad,
estandarte
tanto como mi contenido sustancial,
y el vacío persistente
hasta disfrazado de perennidad
que no para de horadar.

Y si acaso el amor deja de ser suficiente,
reventemos, sangremos, seamos destierro.
Que nuestra perdición nos carcoma

y seamos agonía en silencio.
Palabras no encontraremos —es que no las mereceremos—,
la razón, por fin, logrará aniquilarnos
y nos ahogaremos en el río de la desesperanza.
Beberemos cada gota de muerte con sufrimiento,
encarnaremos en desgarro y rancio fango,
la metafísica del olvido nos pateará,
nunca habremos sido un lugar.

Ya no habrá verdad ni salvación, 
si el amor ha muerto.



Stéphanie Pau Tombetta

jueves, 2 de enero de 2014

Ex-sistir.

El hastío y sus vaivenes.
Personal y no tanto.

               
Así de débiles caemos rendidxs ante los dotes del amor y no nos podemos despegar de esta vida absurda, llena de amor absurdo también, pero amor. Qué vida. Nos corroe, nos oxida, nos deja marginadxs, en tanto este viso de luz nos es un salvataje en medio de esta supervivencia forzosa e inane. Me prolongo, te prolongás, ¿pero te diste cuenta de que ya estamos muertxs? Materia endeble.
            La angustia no para de punzar, abyecta e inclaudicable, despierto otro día más acá y atraviesa su daga en todo mi ser. Y no es por rendirle culto a la muerte, pero quién sino ella la certeza más exacta de estos trozos de incertidumbre disfrazadxs que somos.
            El dolor de existir, el de estar un día más en proyección hacia la muerte. Este suplicio sin fin (sic) de que haya un mañana incierto y que sólo el presente y su amigo el futuro, sin haber llegado, me sigan asesinando en vida.
            Ocultar la vacuidad que nos hende en la acción, ornamentar aquel vacío y seguir. Matar el tiempo, mientras él, fugaz, nos apuñala sin hartazgo. Sobrevivir.
            Miro a los días y ellos a mí. Recompensan mi tenaz contemplación con monotonía y desazón. Mentiría al decir que no hay variables en estos módulos temporales a los que denominamos “días”, pero el meollo, su sustancia más inherente es la misma en todos y cada uno de ellos. El automatismo que a veces elegimos ignorar es inmanente a estos escurridizos.
            El pesar que pondera y ponderará frente al efímero júbilo que se pueda experimentar, ése que cuando lo quiero palpar ya desvanecido está.
            Y el amor, que aquí alienada me mantiene, no me resulta fundamento suficiente para convencerme de la vida y surge aquí el dilema: ¿cómo animarme a partir? Subsisto.
            En lo que siga fluyendo en este plano, jamás se erradicará la aflicción. Trizas de alguien que alguna vez, ciertamente, supo ser y hoy pierde en esencia. Será que descubrí la gran verdad o, más bien, que habré elegido sacarle el velo y verla porque estar, está.
Cuestionamiento de la existencia, ¿entes para qué? ¿Fluir en la ficción? Resignificación del entorno simbólico y material. Consecuencia: apartamiento.
La soledad junto a la resignación encuentran acá lo que nunca hubiese deseado, pero que hoy podría ser el viaje pertinaz y, así, prescindir del falso paraíso.
            Me entregué al dolor, cómo seguir arremetiendo contra él y al “para qué” sin respuesta que se bate a duelo con esta vida que no me muestra su sentido. Sabernos de carne y hueso y, pese a ello, perpetuarnos a lo evitable.
            ¿Un dios? ¿Y con eso qué? ¿Concebir imaginariamente –como algunxs eligen– una figura a la que aferrarme y asir una ficticia eternidad para no morir tan pronto? Si ya estoy muerta. Mis miserias son sólo mías, mi fin último también.
Estoy de luto, llorando mi muerte, con el paradójico anhelo de huir allende la noche.
Viajera sólo de paso, una transeúnte más. Y cuando renuncie, no esperen mi telegrama. 


Stéphanie Pau Tombetta